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Hoy en día muchos colaboradores se llegan a sentir indispensables para la empresa en que laboran, a tal punto que ellos no ven a la empresa avanzando sin ellos formando parte de la organización.

En cierta manera esto puede ser real, pero sólo por un periodo determinado de tiempo, los seres humanos somos seres de costumbres y como tales convertimos de alguna manera a las empresas en lo mismo, organizaciones de costumbres y es por ello que la ausencia de una de sus partes (colaborador) puede resultar entorpecedora mientras el reemplazo o la misma organización se reacomoda.

Lo realmente peligroso de este sentimiento de ser indispensables es que este hace al colaborador entrar en un área de confort de la cual no se quiere mover, por razones obvias, y va poco a poco perdiendo el interés de aportar a la organización para no autogenerarse más responsabilidad que le pueda sacar de su confort.

Es por esto que las jefaturas y/o dueños deben estar atentos a estas señas y mantener el entusiasmo de sus colaboradores, no dejarlos entrar en esas zonas de confort y mantener vivo el espíritu de superación permanente.

La superación permanente puede lograrse por medio de pequeños premios (salario emocional) que bien pueden llegar a ser:

-       Una cena en un lugar de prestigio cercano a la localidad para el colaborador y su pareja.

-       Un certificado de regalo para compras en alguna tienda, de esta manera atiende necesidades personales o familiares que no se atreve a externar.

-       Nombrarlo capacitador u orador a lo interno donde comparta con los otros colaboradores sus experiencias y logros en la organización.

Entre más colaboradores inconformes (entendido en el sentido de ser competitivos, no conformistas) tengamos en las organizaciones, más podremos crecer e innovar en servicios.

Mag. Johnny Rodríguez B.