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Muchas veces postergás las decisiones que sabés que tenés que tomar, porque de una u otra forma:

·      Te asusta las consecuencias.

·      Quizá te aterra tener que enfrentar lo que viene después de la decisión.

·      Simplemente dar este paso, convierte tu mundo interno en una carga de problemas y tensiones, muchos de ellos imaginarios.

·      Querés cerrar los ojos y desaparecer.

En fin, razones hay muchas, lo triste de esto, quzá, es que cuánto más durés esperando tomar la decisión, curiosamente, habrá mayor complicación, pues en la evasión de tu responsabilidad, la vida no solo avanza, si no que a veces se complica.

Ahora, detente un momento y pensá en esto si lo que viene después de la decisión:

·      Te trae paz.

·      Cierra un ciclo.

·      Resuelve un tema que está inconcluso.

·      Te libera de una preocupación.

·      Te quita peso.

·      Te hace sentirte más libres.

·      Te conecta con la autenticidad.

·      Le da sentido a lo que deseás y querés que pase tu vida

¿Vas a tomar o no esa decisión? Entonces, desde esta lista de beneficios, que podría ser aíun mayor, tenés que darte cuenta que hay que tomar la decisión y punto.

Si tu decisión cumple con este listado, u otra lista, pero que al final trae beneficios no se puede postergar más la decisión.

Tenés que obligarte a vencer ese no sé, esas expresiones que hablan de confusión, cuando en realidad tenés claro cuáles son las acciones por seguir.

No le des tanta vuelta a lo que sabés que trae beneficios, te acerca a la autonomía funcional, que te libera de emociones contradictorias y ambivalentes.

 

Dr. Rafael Ramos.

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