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Creo que no hay ser humano, que en su interior no tenga capítulos obscuros o dolorosos, que le causan angustia, tristeza, dolor, muchas veces la forma en la que enfrentamos estos procesos, se orienta a decir todo está bien, nos llenamos de actividades, lecturas, a veces hasta de terapias, esperando encontrar respuestas que sabemos que están por dentro.

Pero nos asusta entrar en nuestro interior y reconocer que tal vez arrastramos en diferentes momentos de la vida recuerdos tristes, momentos sangrantes, tenemos heridas abiertas, causados por nuestras acciones, o por las acciones de otros, y como nos cuesta dejarlas atrás, como nos cuesta entender que es nuestra responsabilidad sanar estas cosas.

Pero, no lo hacemos, a veces nuestro dolor, nuestros problemas emocionales internos adquieren el rostro de la ira, el rostro del descontento, de la desconfianza, del retraimiento social, a veces tiene el rostro de las personas que evitan ser felices, y se cargan de amargura, creyendo que con estas caretas, resuelven sus temas, cuando en realidad lo que hace es a grabarlos y desconectarnos de la vida.

Cuando nosotros somos capaces de reconocer y de entender qué es lo que llevamos por dentro, la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, el reto es empezar a usar palabras que tienen que formar parte de nuestro lenguaje emocional, cómo cuales:

  • Perdón, como un reto, como un proyecto de vida, que no implica olvidar implica entender para poder avanzar.
  • Soltar, que significa darle espacio a otras cosas en la vida, aunque el recuerdo y la sensación emocional de aquello doloroso prevalezca.
  • Dejar ir, es decir, evitar pretender tener el control de todo y muchas veces dejarse ayudar aprender a descubrir la belleza que tiene cada dolor en cada momento de nuestra vida.
  • Reconocer, que a veces vivimos en negación, lo que hace que el dolor se haga cada vez más grande.
  • Asumir, que el cambio no viene de afuera y mucho menos llenándonos de cosas, si no desde la apertura a nuevas experiencias con una visión de esperanza.

En fin, sanarse desde adentro, no es un tema fácil, pero es el único camino que nos queda por delante, cuando se trata de tomar nuestra vida en control:

  • Para poder apreciar el aroma de la lluvia.
  • La belleza de un atardecer.
  • Lo valioso de una sonrisa.
  • Lo reparador de un abrazo.
  • Lo mágico de un café con un amigo.
  • Lo hermoso de hacer el amor con la persona que amas.
  • Lo maravilloso y reparador que puede ser un acto de solidaridad.

Sanarse desde dentro es el único camino que tenemos por delante, para que nuestra vida pueda tomar un matiz diferente, y tener una experiencia emocional diferente, las cosas no se sanan desde fuera, sino desde adentro.

¿Te vas a dar la oportunidad de entrar en vos para sanar?

S no sabes cómo hacerlo, no tengas miedo de buscar ayuda, pero hazlo pronto, porque minuto a minuto la vida se va, y minuto a minuto la vida se estanca en el dolor.

 

Dr. Rafael Ramos

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