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Cuando se trata de una relación, como cualquier otro proceso en la vida, la gran meta siempre es la ilusión, es decir nos ilusiona obtener un objetivo, sentirnos plenos y absolutamente realizados. En el amor es igual que en cualquier otra área de la vida:

  • Por ejemplo cuando estamos estudiando algo en la universidad, nos encanta la idea de obtener el grado académico que estamos estudiando, pero nos da pereza ir a clases, nos aburre un profesor, consideramos que esa materia no sirve para nada en la vida, desarrollamos actitudes negativas que tarde o temprano pueden hacer que se complique la evolución de esta carrera, o lo que es peor, terminamos dejando botado el estudio.
  • Entramos al gimnasio, nos ilusiona la idea de mejorar nuestro cuerpo, bajar algunos kilos, tonificar o marcar algunas partes de nuestro cuerpo, compramos la ropa deportiva, publicamos un nuevo estado en nuestras redes sociales diciendo “acá haciéndolo por mi misma”, “porque una vale”, “porque uno se quiere”, “porque uno merece lo mejor”, pero luego empieza el cansancio, ya no queremos madrugar, nos da pereza si llueve o hace mucho sol, dejamos de ir, se nos olvida que requiere un compromiso y que los objetivos son el resultado de un esfuerzo.
  • Conseguimos un trabajo, nos encanta la idea de tener un trabajo, de poder ejercer, entonces nos ilusiona la idea de levantarnos, tener un cubículo, una oficina, y poner en práctica nuestros conocimientos, nos ilusiona el salario, pero se nos olvida que no nos pagan por ser guapos, lindos, lindas, si no por hacer un ejercicio de todos nuestros conocimientos en función de una relación laboral que implica cumplir con la filosofía, los objetivos de la empresa, entonces a veces aparece el problema, llegamos tarde, nos atrasamos, perdemos tiempo, nos enojamos, y nos llaman la atención por llegar tarde, o durar mucho en el almuerzo, un día entonces su jefe dice “mira te agradezco mucho pero ya no”.

El amor es así, el amor tiene ilusiones, que nos acercan, que nos hacen pensar, sentir, creer que estamos con una persona maravillosa, que estamos con alguien con el que podemos vivir toda nuestra vida, pero esto requiere atención, esfuerzo y trabajo en muchos niveles:

  • Se necesita sabiduría emocional, para aprender a controlar impulsos que no sean de beneficio para desarrollar un clima emocional sano.
  • Es importante aprender administrar el tiempo, priorizar sanamente todas las dimensiones de nuestra vida para darle tiempo a la pareja.
  • Se requiere desarrollar una cordialidad tal, que no lastime el corazón de nuestra pareja, que no lesione, pues si no es así ¿Qué sentido tiene?
  • Por tanto su capacidad de amar requiere escuchar, ceder, proponer para apuntarse el plan del otro.
  • Amar implica evitar la intransigencia.
  • Se requiere escucha, compromiso, tendencia la conciliación, respeto para mantener un ambiente cálido y armonioso.
  • Se necesita sabiduría emocional para entender que la otra persona tiene puntos de vista diferentes, y hay que conciliar.

Pero nos da pereza:

  • Nos da pereza hablar.
  • Nos da pereza negociar.
  • Nos da pereza aportar.
  • Nos os da pereza tener detalles.
  • Nos da pereza hacer, pretendemos que todo funcione solito, sin mucho esfuerzo.
  • Tenemos la ilusión de que el amor madure, y se mantenga sano, pero se nos  olvida que es un accionar continuo, constante, es un ir y venir positivo y constructivo, pero nos da pereza.

El amor falla porque nos da pereza, desde la pereza se deja de hacer muchas cosas que le dan sentido, contenido,  propósito a una relación, con la pereza no se logra absolutamente nada, desde la pereza se nutre la muerte del amor, la pérdida de la esperanza, y la aparición de los distanciamientos.

¿A vos te da pereza? Luego no te quejés.

 

Dr. Rafael Ramos A.

www.rafaelramoscr.com