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Yo diría que esto es normal, hay una pregunta, a veces es de difícil respuesta, ¿Cómo hago para terminar y olvidarme de todo? 

Esta pregunta creo yo, no tiene respuesta, porque cuando se termina una relación se termina porque la carga de negatividad es más grande que la carga positiva, pero por supuesto que hubo buenos y grandes momentos, hay recuerdos agradables, momentos que fueron únicos y mágicos,  ante la posibilidad de romper nos aferramos a esos momentos mágicos. Solo cuando aparece la convicción y se da tiempo, de retomar la vida, dejamos de hacernos esta pregunta y sin darnos cuenta, llega la respuesta.

Terminar y extrañar lo bueno es parte del proceso, de hecho este es el proceso que crea mayores conflictos emocionales, incluso mantiene activa la nostalgia, la tristeza, el dolor, no se trata de extrañar, se trata de ser realista y tener absolutamente claro el por qué ya no estamos con la otra persona.

 

Extrañar es normal, no podemos recordar feo lo que fue bonito, pero esta misma lógica tenemos que usarla para consolidar nuestra relación con la soledad,  para consolidar la decisión que tomamos al terminar, tampoco hay forma de recordar bonito lo que fue feo, no hay forma de recordar agradable lo que fue desagradable, no hay forma de recordar con paz lo que nos mantuvo atados a la angustia.

 

Este proceso también es importante, no para llenarnos de resentimientos, no para carbonearse, no para mantenerse la defensiva y a la ofensiva, sino para darle consistencia y coherencia a la decisión que tomamos de terminar,  a partir de ahí empezar a construir un nuevo perfil de relación, un nuevo perfil de persona con la que queremos estar a futuro.

 

Cuando se extraña sin realismo, sucede que las personas se buscan precisamente por esto, porque se extrañan, por la nostalgia, porque se les olvida el dolor y se aferren en los buenos momentos, en los únicos buenos momentos que hubo, se les olvida que hubo problemas a la base que hicieron de esta relación una historia difícil, quizá ya sin solución.

 

Cuando se extraña lo positivo, se nos olvidan los negativo, se crean falsas ilusiones, e incluso nos exponemos una y otra vez al mismo dolor, extrañar lo bueno no es malo, perder de vista las razones por las que se terminó la relación, cualquiera que éstas sean, que hicieron imposible continuar, que nos convirtieron en dos personas con poca compatibilidad, es central para consolidar nuestra decisión.

 

Es importante hacer un balance entre emociones positivas y emociones negativas, que se derivan de los hechos, que nos llevaron a la ruptura, esto es lo que hace que el duelo de la ruptura sea más manejable por qué:

 

·      Seríamos capaces de decir lo extraño, pero me cansaban su celos.

·      Lo añoro pero no podía con la inestabilidad.

·      Me gustaría estar con él o con ella, pero su carácter era agresivo y explosivo.

·      Me duele no estar ahí, pero el egoísmo y el maltrato me tenían cansado, cansada.

·      Quisiera que la historia fuera otra, pero era imposible comunicarse y hablar.

·      Extraño el sexo con él o con ella, pero me duele mucho la indiferencia.

 

En fin situaciones son muchas y tener la capacidad de desarrollar un enfoque realista es lo que le da balance, proporción y forma a nuestra decisión.

Dr. Rafael Ramos A.