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Solamente quienes hemos perdido a un ser querido podemos realmente saber lo que duele la muerte de una persona que amamos, nos duele el cuerpo y nos duele el alama pero ese dolor ayuda a sanar y a entender la pérdida. 

Ante una pérdida empezamos a recibir frases como  “lo siento mucho” “puedes tener más hijos” “ya estaba muy mayor” y esto no nos aliviará ni quitará el dolor, pero no te enojes cuando te digan eso porque en realidad nadie nos enseña qué hacer o cómo enfrentar la muerte y lo que se hace es repetir las cosas que se suelen escuchar con frecuencia en esos casos.

 

La única cosa segura que hay en la vida es la muerte, es parte del ciclo de la vida. Algunos lo ven como algo aterrador, otros como el paso al mas allá, como una transformación o como el encuentro con Dios donde estarán mejor; no importa que religión se profese lo cierto es que siempre hay una idea determinada sobre lo que es morir y esto influirá la forma en que se enfrente el proceso después de la muerte de un ser querido, o lo que llamamos el duelo.

 

El duelo es un proceso normal y adaptativo que enfrentamos cuando perdemos un ser querido, pero si bien es un proceso normal no quiere decir que no el dolor no sea profundo especialmente ante la muerte de hijos, padres o pareja. Es fundamental tener en cuenta que todas las personas viven el duelo de distintas maneras y recurren a los mecanismos de defensa (mecanismos que utiliza nuestra mente para defenderse y/o protegerse de emociones o pensamientos que producirían ansiedad, depresión, o un dolor profundo)

Etapas del duelo:

Ø  Shock o negación: el dolor es tan intenso que nuestra mente lo que hace es negar la realidad de la pérdida, se rechaza sin darse cuenta o no lo sucedido y surgen pensamientos como “debe ser un error esto no está pasando”

Ø  Enojo: surgen sentimientos de irritabilidad y enojo dirigidos hacia sí mismos, hacia el ser querido que falleció, hacia la familia, hacia objetos u otras personas; se da muy frecuentemente también el enojo con Dios. La persona tiene pensamientos como “¿Por qué a mí?” “¡No es justo!”

Ø  Negociación: en esta etapa se puede intentar hacer pactos con Dios o con la vida, es como una tregua donde negociamos y damos algo a cambio con tal de recuperar a nuestro ser querido, la persona puede tener pensamientos como “y si dejo de tomar, podré despertar y descubrir que ha sido una pesadilla?”

Ø  Tristeza: en esta etapa empezamos a caer en cuenta de la pérdida y de que por más que se negocie la muerte es irreversible. La persona tiende a aislarse y evitar salir de su casa, frecuentemente quiere pasar solo durmiendo, hay miedo, ansiedad, preocupación al no saber cómo se enfrentará la vida sin la presencia de esa persona, hay sentimientos de vacío y un profundo dolor que podría incluso llegar a confundirse con una depresión por todos los síntomas que se pueden llegar a experimentar en ese momento. El pensamiento que persiste es “ya mi vida no tiene sentido” “para qué seguir…”

Ø  Aceptación: se logra hacer las paces con la pérdida y se da una oportunidad de vivir a pesar de la ausencia del ser querido; se empieza a depositar nuestras energía de nuevo en las personas que están alrededor y se establece una relación distinta con la persona fallecida. Cuando la persona logra aceptar la muerte llega a pensar “a pesar de que ya no está, puedo seguir adelante y todo estará bien”

 

El dolor es como las olas del mar, las oleadas no son retrocesos sino son parte del camino, así que no debes asustarte porque vendrán días muy malos, días regulares y días en los que logres distraerte y sentirte mejor, la intensidad de todos esos sentimientos que experimentarás irán disminuyendo con el paso del tiempo.

 

Una vez que logramos la aceptación de la pérdida podemos entablar una relación distinta con nuestro ser amado que ya no está; siempre le digo a mis pacientes que se permitan recordar más con amor que con dolor ya que le damos prioridad al dolor de su ausencia física pero dejamos de lado el gran regalo o bendición que tuvimos de tener a esa persona en nuestra vida no importa si fue mucho o poco el tiempo que le tuvimos, seamos agradecidos por haber compartido lindos momentos, por verle sonreír, por abrazarlo/a, de besarlo/a, por brindarle amor, cariño y felicidad y en nombre de ese gran amor que le tuvimos a esa persona vivamos la pérdida para sanarla, tómalo como una oportunidad de cambio y crecimiento y no te aferres al dolor.

 

Tal y como dice una canción que me gusta mucho de Martín Valverde llamada “No se han ido del todo” aún podemos evocar su risa, su carácter, su bondad, ahora nuestro ser querido está libre, feliz y no tiene ningún sufrimiento, no tiene lágrimas, vacío ni soledad. Ten presente que esa persona nunca morirá mientras los recuerdos permanezcan y siempre estará en nuestros corazones por más que pase el tiempo es por eso que no decimos adiós sino hasta luego por que de una u otra forma no se han ido del todo…

 

 

“Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos”

Víctor Frankl.

 

 

Dra. Melissa Madrigal

Psicóloga Clínica