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La dependencia afectiva, es un mal que esta tan extendido como el viento, muchas personas hoy en día aman, creyendo saber amar, dando todo por alguien sin saber que esto que llaman amor, no es otra cosa más que procesos de autocastigo, dado que están matizados de anulación, tristeza, inseguridad y demás.

 

Las personas que desarrollan dependencia, son personas que ven la vida, desde el otro, ven la vida en función del otro, olvidándose de sí mismos, es por ello que les cuesta identificar múltiples procesos que tienen que ver con la angustia de haber perdido la identidad afectiva, tales como:


1.    Hasta que la muerte nos separe, aún cuando este amor ya ha matado tu vida, en el tanto no tienes paz.

2.    Apegarse, esperanzados en el cambio del otro, mientras tanto se le pide a Dios, a la vida, que les de la fuerza para soportar todo lo que no se entiende.

3.    Se vive claros de que algo no esta bien, pero apegados a la idea de que es mejor esto que nada, pues en el fondo, prefiero lo poco, pues no me siento merecedor de más.

4.    La dependencia crea vulnerabilidad, que construye culpas, explicaciones fuera de realidad, negación, sentido de incapacidad de ver la vida de otra forma-

5.    En la dependencia afectiva hay maltrato físico, emocional, sexual, social, patrimonial, dolor y múltiples expresiones de agresión.

Aprender a identificar los síntomas, aprender a ser autónomos, libres y capaces de coordinar nuestra existencia es la clave de la vida emocionalmente libre, pero se requiere un proceso de madurez para lograr esto, que solo se logra bajo la premisa del trabajo consciente. Una relación tiene que tener estas características:

·       Es para estar bien.

·       Es para disfrutar.

·       Nos hace crecer.

·       Nos ayuda a ver la vida de forma sana.

·       Nos hace felices.

·       Es solidaria, sensible, cálida.

·       Se carga de respeto, atención y apoyo.

·       Es para tener un amante, compañero de vida, es para tener un administrador del tiempo, la vida y el hogar.

·       No es tóxica.

·       No lastima.

·       No hay agresión, humillación o descalificación.

·       En fin, estamos juntos por que nos hace bien.

 

Si en una relación estas características no se dan, entonces se tiene un modelo de cohabitación, porque no podemos llamar convivencia a aquello que como seres humanos nos pone de frente al dolor.

Por esto creo que una relación se construye de buenas y sanas actitudes, es decir, cada uno sabe lo que hace bien o mal, en función, de lo que llevamos por dentro, y lo que hacemos o dejamos de hacer. Aprender a ser una buena pareja nace en la convicción y en la decisión.

 

Dr. Rafael Ramos A.